lunes, 15 de abril de 2019

NOVEDADES 2019 PARA LA LECTURA


1914/1939/2018 - TIERRA FIRME

El mar de Marmara, el océano Pacífico, el Golfo San Matías, el Adriático, cada uno nos daba su beneficio. Aun el mar Muerto y el Rojo.
A grandes, a chicos, a trasatlánticos como a gondoleros, a chalupas o a canoeros, todos disfrutábamos de las profundidades, extraíamos la riqueza, el placer, y el alimento. Cuando queríamos enseres, sus costas nos brindaban lo necesitado, maderas, vegetales, playas. Los témpanos calmaban nuestra sed. Y hasta el Dresden y el Graff Spee tuvieron sus aguas. Los U-Bootes jugaron a esconder sus sombras.
Mundo de agua y sueños. Amalgama de belleza y realidad. Estrellas y olas hamacaban nuestras vidas. El sol siempre marcando nuestros derroteros.
Ayer, se me estrelló la armonía, la fuerza bruta todo lo sacudió. Las aguas han batido el fango desconocido y la marejada nos quebró la distancia. La visión se nos borró en cristales líquidos, lacerantes. Todo fue golpeado, vapuleado, desgarrando seguridades, zamarreándonos sin dirección. Brazos, materia, cuerpos, embarcaciones, masa informe de confusión y atropello.
Y hoy, el calor del sol magullando mi carne, me despertó depositado en Gallípoli. La imagen fue confusa. En el horizonte calmo ya, el gran crucero miraba erguido. De sus laterales colgaban chinchorros, brazos oscuros que se alzaban suplicantes, resto de maderos lo golpeaban a babor y estribor. Alguien daba las órdenes y el agua hacía arder las entrañas sangrantes.
Todo había trasmutado. Sólo había sobrevivido el fuerte, el poderoso, y recogía al náufrago. Para su servicio…, pude pensar. Era necesario reparar los daños. Sus pasajeros estaban aterrados. No saben pescar y tienen frío, los sobrevivientes ayudarán con su valor, de experiencia y dolor…, vuelvo a pensar.
Y yo, inmóvil, seguía mirando la imagen flagrante. Estaba apaleado, azotado, herido. Me sentía desmaterializado, sin pertenencia y aislado, pero libre. Esta tierra firme me sostendrá…, imaginé.
¡¡¡Qué límite son los tsunamis…!!! Y ahora le temo a esta tercera calma chicha…
                          
                                    r.p.i. 4650013/17  Del libro inédito: EL CAMINO DE LIBRA 

   

PAMPA

Parte vertical un relámpago
el lomo del horizonte
eriza el aguacero
la piel de la laguna
y una gratitud sedienta
se levanta
de la herida reseca de la tierra.

Todo es tan fugaz
que no logra el campesino
aprehenderle la esperanza
a su apero.

Agria frustración
de la cosecha que se lleva la tormenta.
                                                                         Del libro inédito: EL RAYO

HAYA PAZ Y JUSTICIA

En la mexicana colonia de Polanco, la vida transcurría apacible, bucólica. Solo en sotovoce el señor Bouvet trataba de calmar los ánimos de Francisco y de Estela Daniela.

Francisco, hijo del dueño del molino harinero de la localidad, amaba a la hija del ferroviario, Jefe de la Estación. La relación era severamente denegada por el molinero, ya que sentía su orgullo ofendido por las pocas pretensiones de su hijo, educado en colegios privados de México, y preparado para otro nivel social.

Pero Francisco, sin hacer caso a la negativa de su padre, habló nuevamente con el señor Bouvet, solicitándole que reitere su intervención, para lograr el consentimiento paterno de boda con Estela Daniela.

El Sr. Juez de Paz debería tener la influencia necesaria, dada la confianza y amistad que mantenía con el padre de Francisco.

Transcurrido un año de ese amor disimulado socialmente y oculto a los ojos familiares, el señor Bouvet no había logrado la aceptación pretendida, que tanto anhelaba la pareja.

Francisco resolvió cambiar la estrategia, y “robaría” a su novia, se la llevaría a otro pueblo, para empezar la vida deseada. Tal vez se casarían o tal vez no, lo importante era vivir con Estela Daniela. El Juez de Paz continuaría teniéndolos informados de los acontecimientos, en apoyo a la rebelde pareja.

Entrada la noche el 22 de agosto, Francisco escondió a su novia en el altillo en desuso del molino harinero, y esperando el amanecer, ambos huyeron en el autobus por el Camino Real hacia Anzures. Allí los esperaba un matrimonio conocido del señor Bouvet, que acogería en su casa a la pareja desertora.  

Mientras tanto, el Juez de Paz seguía con su misión, lograr la aceptación paterna, cuestión sumamente difícil y problemática.

Cinco años habían transcurrido; dos familias encontradas, hijos distanciados, un servidor público controvertido y tres niñitas nacidas en la clandestinidad social, sin abuelos ni tíos conocidos. Pero el tiempo había doblegado los dolores y había logrado las condiciones conciliatorias. El molinero aceptaría el regreso de la feliz pareja, siempre que volvieran casados por civil y por iglesia, y las hijas bautizadas. Y hacia  la Colonia Anzures partió el Sr. Bouvet, llevando los libros pertinentes y hablando, a su llegada, con el Párroco del lugar para las consagraciones religiosas requeridas, como perdón de las desventuras.

Todo fue rápido, sencillo e íntimo. Se buscaron los testigos y padrinos, y así se cumpliría con las pretensiones paternas. Al cabo de dos días, se concretaba el regreso y el ansiado reencuentro. Abuelos que conocieron a sus nietitas, hermanos que se volvieron a abrazar, y cuantas bendiciones familiares se pudieron dar, para que todo estuviera en regla y la nueva vida ofreciera alivios y seguridades.

El Juez de Paz creyó volver a sus labores cotidianas en la consolidación de buena convivencia pública, pero la sorpresa le quebró la respiración.

Al tercer día del regreso, la imprenta del Boletín Parroquial de Colonia Polanco recibía una nota manuscrita. El señor Bouvet detallaba el por qué se ahorcaba desde el techo de su despacho:
                 
                 “Al llegar y entrar en mi casa, encontré en mi dormitorio a mi esposa con el Padre Adolfo, Pastor de nuestra comunidad, en situación demasiado comprometida, ambos sobre la cama”.
“Haya paz y justicia”.
Juan Diego Bouvet
Juez de Paz – Polanco
México

                                                                                 Del libro inédito: EL CAMINO DE LIBRA



SI TENGO PAZ

Dejo al viento
traslucir la ternura
cuando
acariciando despeino al niño
logro que el miedo
doblegue su lomo a la corriente
y así
libero fantasmas.

Del libro inédito: EL RAYO

No hay comentarios: